El pasado 30 de enero, el pleno del Congreso de Jalisco aprobó la desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres (IJM), una instancia dedicada exclusivamente al combate de la violencia contra las mujeres, y a su empoderamiento y desarrollo personal.

 

La aprobación del dictamen por parte del congreso fue recibida con quejas y reclamos por parte de ciertos grupos parlamentarios (como PAN y Morena) y de algunas organizaciones de la sociedad civil. No es para menos; el IJM era la única instancia enfocada plenamente a la prevención de la violencia, y a la incorporación de la perspectiva y la agenda de género en la política pública del estado.

 

A partir de ahora, las funciones del Instituto serán absorbidas por la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Hombres y Mujeres. Aunque parte del argumento para la desaparición del instituto se basa en que una secretaría tendrá mayor presupuesto y mayor incidencia, la realidad es que, en este caso en particular, y para las problemáticas específicas de las mujeres, este no será el caso.

 

Si bien es cierto que una Secretaría podría llegar a tener mayor injerencia, la realidad es que asumirá las funciones del Instituto, pero no se enfoca plenamente en la violencia contra las mujeres, ni el diseño de políticas públicas para su desarrollo. Más bien, la Secretaría tiene el objetivo de disminuir la discriminación de los grupos vulnerables, entre los cuáles dará atención a personas con discapacidad, migrantes, LGBTTI, entre otros. De este modo, las problemáticas y las necesidades específicas que requiere un tema tan grave y urgente como el combate y la prevención de la violencia contra las mujeres, se pierde entre la diversidad de objetivos y necesidades de los demás grupos en los que se enfocarán los esfuerzos de la Secretaría.

 

Por su parte, el contexto en el que tiene lugar la desaparición del IJM tampoco es favorable; Jalisco se encuentra dentro de los principales estados de la república con más feminicidios. Sólo en lo que va del año se han suscitado 15 feminicidios, mientras que en 2018 hubieron 198, así como 1118 mujeres desaparecidas.

 

A pesar de que el motivo de su desaparición se argumenta detrás de la falta de efectividad del instituto, resulta imprescindible preguntarse si la eliminación de éste es la medida más adecuada, o si lo único que logrará en su lugar será invisibilizar nuevamente a las mujeres y al entorpecimiento o eliminación del resto de las funciones que llevaba a cabo el Instituto.