De acuerdo a los lineamientos del INE, el proceso electoral para la elección presidencial arranca el próximo 8 de septiembre. Visto lo visto, o en el INE no están enterados de la realidad, o se parten de risa en nuestra cara, y mucho me temo que esto último es lo acertado.

Vamos por partes. El PRI con su agudísimo colmillo logró lo impensable, hacer pasar desapercibida su Asamblea Nacional y evitó más escándalos que pudieran perjudicar su imagen (lo que queda de ella). Así las fuerzas vivas (y las agonizantes, e incluso las muertas) nos vendieron el rollo de que ya no hay candados para que, ahora sí, todos aquellos que moríamos de ganas de ser candidatos (de lo que sea) pero no teníamos la preciada membresía del PRI, podremos serlo algún día. Me imagino a millones de mexicanos con lagrimas en los ojos prendiéndole una veladora a San Plutarco y a San Enrique Ochoa, y vámonos corriendo a hacer inmensas colas al partido para lograr el sueño de nuestras vidas: ¡Ser diputado priísta!

Pero eso no es todo, también nuestros personajes favoritos como el Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, ya pueden soñar con ser nuestro presidente, y nosotros con él en la silla máxima. ¡Qué alivio, llegó la democracia plena al partido! Y desde su lejano tercer lugar, ahora sí podremos competir con todo.

 

En MORENA también andan muy ingeniosos y sesudos. Se inventaron un método súper democrático que dio como resultado que Claudia Sheinbaum fuera ungida como flamante candidata a la Jefatura de Gobierno de la CDMX (en sentido estricto: Coordinadora de Organización del partido en la capital. No vaya a ser que le apliquen las nuevas disposiciones del INE en materia de servidores públicos con aspiraciones a cargos de elección popular). Con la bendición indispensable del Pontífice máximo: Andrés, se inventaron una Comisión de Encuestas secreta que, “con toda transparencia”, hizo una encuesta también secreta, de la que por ningún motivo se puede conocer nada, pero se da por hecho que debe ser súper confiable.

Sin revelar ni la muestra estadística, ni la metodología, ni nada de nada, mas que la obligación de creerla porque Don Andrés dice que: ¡Así es y punto, y se me callan! Claudia es la ganadora. Habemus candidata.

 

Mientras tanto, Ricardo Monreal que soñaba con llegar lejos pues otras encuestas -las suyas, obvio- le daban el triunfo, está que trina de coraje y claro, la culpa es de …”la nomenklatura”, prima cercana de la MAPO (la Mafia del Poder). Total que nos ofreció una bella referencia y a partir de allí podrá desdecirse de la lealtad a ese su líder único y máximo. Pero antes de declarar algo lo consultará con su esposa y tomará distancia. Sin embargo, según él, ya lo dijo todo.

 

Martí Batres, que quedó en segundo lugar de esa mega-secretérrima encuesta, se defiende (si a eso se le puede llamar defensa) diciendo que así siempre se ha hecho en MORENA, y que si no nos gusta el método pues nos fregamos. Ellos y sólo ellos -el patrón, Martí por su puesto, la ignota Comisión de Encuestas y los encuestados secretos- son los depositarios de la verdad última: Claudia es la ganadora y todo lo demás es, y será, compló de la MAPO para impedir que MORENA llegue al Palacio del Ayuntamiento en 2018. Total que ya hasta Xóchitl Gálvez se sumó a la cargada. Según Martí, “así le hacemos siempre en MORENA” y así les va siempre, gracias a AMLO.

 

Desde el lado del PAN y del PRD sólo nos falta esperar los relevos de sus dirigencias, que seguro también serán súper democráticos y, si es posible, con su correspondiente consulta secretísima a las bases (lo que quiera que eso signifique).

 

Así doña Alejandra Barrales y Ricardo “el niño maravilla” Anaya, podrán ser candidatos de lo que sea, para lo que sea y como sea. Eso sí, sin librarse del berrinche de Margarita Zavala y su predecible salida del PAN, más la inmensa pérdida para la vida política del país.

 

¿Se imaginan cómo se lo pasan en el INE?

Risa y risa…